Ir al contenido

The Magazine /  Viajes

Central 

Park

​

Un recorrido por Central Park, el lugar que parece más natural de Nueva York y está diseñado de punta a punta.

Por The Magazine

Central Park parece campo que la ciudad decidió no construir, pero casi nada de lo que hay ahí llegó solo. Los prados, el lago, las colinas suaves y hasta los bosques que se sienten salvajes están puestos a propósito. Es una de las obras de diseño más ambiciosas que se han hecho, vestida de cosa espontánea, y saberlo cambia por completo la forma de caminarlo. Aquí va un recorrido de sur a norte, con lo que vale la pena ver y la historia que hay detrás.

01. ANTES DE ENTRAR: NADA AQUÍ ES CASUALIDAD

A mediados del siglo XIX, Nueva York crecía sin freno y no tenía un solo espacio verde grande. Quienes viajaban a Londres o a París regresaban hablando de Hyde Park y del Bois de Boulogne, y la presión subió hasta que el estado compró un terreno rocoso y pantanoso en medio de la isla. El diseño salió de un concurso que ganaron Frederick Law Olmsted y Calvert Vaux, con la idea de que un terreno difícil pareciera un paisaje natural perfecto. Movieron toneladas de tierra, plantaron cientos de miles de árboles y hasta hundieron las calles que cruzan el parque para que el tráfico no se viera. Olmsted lo pensaba como un lugar de todos, donde quien limpiaba casas y quien vivía en la Quinta Avenida caminaran por el mismo prado un domingo.

El terreno no estaba vacío. Ahí vivía Seneca Village, una comunidad fundada en 1825, en buena parte de familias afroamericanas que estaban entre las pocas dueñas de su propia tierra en la ciudad, con casas, iglesias y una escuela. Los registros cuentan que cerca de mil seiscientas personas fueron desplazadas para abrir paso al parque. Es la parte de la historia que casi nadie ve, y vale la pena llevarla en mente.

La regla de The Ėditure: Un lugar se disfruta más cuando sabes quién lo soñó, y a quién le costó.

02. EL MALL

Es la única línea recta de todo el parque, una alameda de olmos altísimos que empieza a la altura de la calle 66. Fue pensada como el paseo elegante donde la ciudad salía a verse, y todavía funciona así: músicos, gente caminando despacio y una luz preciosa en otoño cuando los olmos se ponen amarillos.

03. BETHESDA TERRACE

El Mall te deja directo en el corazón del parque y casi lo único con arquitectura formal: una terraza con su fuente y el Ángel de las Aguas, pensada como el gran salón al aire libre de Nueva York. Baja por la escalera y fíjate en los techos de azulejo del pasillo de abajo, que casi nadie mira.

La regla de The Ėditure: En Central Park, mira también hacia arriba.

04. EL LAKE Y BOW BRIDGE

A unos pasos está el lago y el puente que sale en mil fotos sin que casi nadie sepa cómo se llama: Bow Bridge. Si tienes tiempo, renta una lancha en el Loeb Boathouse y míralo desde el agua; el parque se ve completamente distinto desde ahí.

05. PIÉRDETE EN EL RAMBLE

Del otro lado del puente empieza el Ramble, un bosque diseñado para perderse, con veredas que dan vuelta sobre sí mismas para que no sepas bien dónde estás. Que exista algo así en plena isla de Manhattan es justo el truco de Olmsted y Vaux. Es además de los mejores lugares de la ciudad para ver pájaros en primavera y otoño.

La regla de The Ėditure: Ve sin mapa. Para eso lo hicieron.

06. CLEOPATRA'S NEEDLE

Detrás del Met, del lado este, está un obelisco egipcio de más de tres mil años. Es, por mucho, lo más viejo del parque y de casi todo lo que lo rodea, y suele estar medio vacío porque casi nadie sabe que está ahí.

07. LA VUELTA DEL EMBALSE

Más al norte está el embalse Jacqueline Kennedy Onassis, con su vereda de un poco más de dos kilómetros y medio alrededor del agua. Es la vuelta clásica de quienes corren en Nueva York, pero caminándola despacio, al atardecer, tienes una de las mejores vistas del skyline.

08. SI ENTRAS POR EL OESTE

A la altura de la calle 72 está Strawberry Fields, el rincón dedicado a John Lennon, con el mosaico de Imagine en el piso, junto al edificio donde vivió. Un poco más al sur está el Sheep Meadow, el prado donde todo Nueva York se tira al sol el primer domingo bonito del año. Y en verano, en el Teatro Delacorte, montan Shakespeare al aire libre y gratis, de esas cosas que justifican aguantar el calor de agosto.

EN POCAS PALABRAS

Central Park se puede cruzar en media hora o caminar un día entero, y en las dos versiones vale la pena saber que cada colina y cada curva del lago las decidió alguien. Entra por el Mall, baja a Bethesda, cruza Bow Bridge, piérdete un rato en el Ramble y termina viendo el atardecer desde el embalse. Saber que nada es casualidad no le quita el encanto; al contrario, lo vuelve todavía mejor.

— The Magazine