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FASHION

CATALINA BY CASSAI

Moda, homewear y textiles para la casa con estampados propios y todo el color del Mediterráneo.

Catalina by Cassai viste a las personas y a las casas con la misma mirada, que es muy mediterránea, muy hecha a mano y muy personal. Nació en Ses Salines, al sur de Mallorca, y hoy junta cosas que otras marcas tendrían en tiendas distintas: albornoces, bolsos de crochet, conjuntos estampados de blusa y falda, pijamas que se pueden usar para salir, joyas y textiles para la mesa y para la casa. Lo que une todo es el color, los estampados de diseño propio y la idea de que el lujo no debería quedarse solo en lo que te pones para salir, sino estar también en cómo desayunas, cómo descansas y cómo pones la mesa cuando vienen amigas.

Detrás está Catalina, su fundadora, que la empezó después de su divorcio, cuando decidió cumplir algo que traía desde niña: ser diseñadora. Creció entre telas, porque su mamá daba clases de moda, corte y confección, y a esa herencia se le fueron sumando muchos años de viajes, con los colores, los tejidos y las formas de entender la belleza de otros lugares. Ella misma cuenta que la marca no salió de un plan de negocio, sino de una necesidad muy personal de volver a crear y empezar otra etapa, y por eso se parece tanto a ella. No diseña pensando solo en lo que se va a vender; diseña desde lo que le emociona.

Cada colección arranca con lo que va encontrando durante el año, que puede ser arte, moda, diseño, otras culturas o los colores del Mediterráneo. Toman fotos, juntan piezas y referencias, arman moodboards, y de ahí salen las paletas y los estampados. También están muy pendientes de lo que eligen sus clientas, así que las piezas que más gustan se quedan y vuelven cada temporada con estampados nuevos. Entre sus referencias, Catalina siempre regresa a Klimt, y en especial a su retrato de Emilie Flöge, donde la pintura, la moda y una presencia femenina muy fuerte conviven en el mismo cuadro.

Lo que pasa con esta marca es que se nota mucho dónde puso sus límites. No le interesa lo masivo ni las colecciones que se repiten de una tienda a otra, y lo que más cuida es que la pieza que llega a tus manos sea la que te prometieron. Revisan tejidos, materiales y acabados, y cuando un pedido llega sin la calidad que esperaban, lo regresan, aunque eso signifique retrasos o más costo. Lo que la hace reconocible, y lo que alguien con buen ojo nota de inmediato, es la forma de combinar el color: mezclas alegres, vibrantes y bien equilibradas que, junto con los estampados propios, le dan a cada colección su identidad.

Lo primero que se nota es el color, y luego la textura, porque son telas que dan ganas de tocar. Todo tiene algo de casa mediterránea, con la luz de la tarde, sábanas limpias y frescas y el olor a jazmín que entra del jardín. Donde mejor se entiende es con el albornoz, justo después de un baño caliente, cuando todavía queda vapor y el olor del jabón en la piel: te envuelves en el algodón, lo anudas y alargas ese rato un poco más. El estampado le pone un punto de fantasía, como si viajaras sin salir de casa, y con el tiempo te das cuenta de que una pieza así dice algo de ti aunque nadie más la vea.

Hay una mesa que lo resume bien. Para el cumpleaños de Carmina, Catalina y su equipo quisieron armar una mesa que guardara toda la luz de un verano en Mallorca, y empezaron por la mantelería de la marca, con una paleta de amarillos que iba de la mantequilla al limón y al girasol. La cena era en una casa que, según cuenta Catalina, lleva la firma de John Pawson y Claudio Silvestrin, con muros enormes en tonos tierra, una abertura vertical por donde se colaba el paisaje y un patio abierto al cielo. Los manteles caían casi hasta el suelo, y encima los caminos y las servilletas mezclaban distintas escalas de estampado dentro de la misma familia de amarillos. Al centro pusieron girasoles en una composición baja y abundante, unos abiertos y otros todavía cerrados, con limones entre las hojas para seguir el color de los textiles. Dejaron espacio para los platos, para apoyar las manos y para platicar a gusto, porque para Catalina una mesa tiene que antojarse al verla y ser cómoda durante todas las horas que vas a pasar en ella.

Cuando cayó la tarde encendieron las velas, los muros se fueron poniendo más cálidos y la luz empezó a reflejarse en las copas. Carmina se acercó despacio, pasó la mano por el mantel y levantó una servilleta para ver el estampado de cerca. Catalina dice que ese gesto es su favorito, el de alguien que descubre justo los detalles que más cuidaron, y le gusta imaginarla años después poniendo ese mismo mantel para recibir a sus amigos, quizá en otra casa y en otro lugar del mundo.

Catalina by Cassai conecta con una mujer de entre treinta y sesenta y tantos años, con mundo, curiosidad y criterio propio. Puede ser empresaria, arquitecta, creativa o tener su propio proyecto. Viaja, va a exposiciones, le gustan los lugares con personalidad y elige con el mismo cuidado un vestido, una obra de arte o las piezas con las que pone su mesa. Le gusta el color, se permite jugar y tiene algo de coleccionista, y lo mismo se enamora de un bolso por su diseño que de un albornoz por cómo la hace sentir una mañana en casa. No es para quien ve esa libertad con el color y el estampado como algo fuera de lugar, ni para quien no valora el trabajo que hay detrás.

Catalina se describe como muy ambiciosa con este proyecto, pero sin prisa. No quiere que la marca esté en todas partes, sino en los lugares correctos y con las personas correctas, y que dentro de diez años siga teniendo alma. Para ella, el éxito no va a estar en hacerla enorme, sino en hacerla inolvidable.