LILI
TABLEWARE
BRAND
Sobre Lili Tableware
Lili Tableware hace individuales y servilletas que cambian por completo cómo se ve una mesa. Nació en Hermosillo en 2022 y la lleva una pareja —su fundadora y su esposo, socios— desde una idea muy simple: lo que de verdad la enganchaba de recibir en casa no era el evento, sino la mesa. Pensar la vajilla, los cubiertos, los vasos, las flores. Ese gusto por poner la mesa fue lo que terminó convirtiéndose en marca.
La idea que sostiene a Lili va un poco contra la costumbre: una mesa bonita no es solo para ocasiones especiales. Mucha gente compra individuales o servilletas con diseño pensando que solo salen cuando hay invitados, y como no tienen un evento cerca, no los compran. Lili empuja justo lo contrario — que un lunes cualquiera en familia también merece ese toque, que darle personalidad a la mesa del desayuno o de la comida no necesita pretexto.
Ahí entra el mix & match, que es casi su filosofía. No hace falta tener doce servilletas idénticas para que una mesa se vea bien. De hecho, muchas de las mesas más interesantes son las que no están perfectamente combinadas: estampados que se mezclan, telas distintas, colores que conversan entre sí, piezas de Lili junto con cosas que ya tienes en casa. Y como sus diseños funcionan sobre cualquier vajilla blanca, no necesitas una vajilla de diseñador para que luzcan. El individual y la servilleta hacen el trabajo.
Lo que distingue a la marca es el gusto con el que elige. No mete productos de relleno porque estén de moda o porque un cliente los pida; si una pieza no va con la esencia de la marca, no entra. Cada temporada arranca con una lluvia de ideas —qué diseños continuar, cuáles innovar— y de ahí sale una selección corta y cuidada. Los estampados son elegantes sin ser pesados, y eso es justo lo que notaría alguien con buen ojo: la diferencia entre poner una servilleta blanca lisa o un individual de plástico, y poner algo de lino o algodón con un diseño que eleva todo el espacio.
Hay un estampado que se volvió su firma casi por accidente. La fundadora acababa de tener a su primera hija, Loretta, y la bebé traía una pijama de Toile de Jouy rosa con blanco. Su mamá la vio y dijo que la niña estaba "vestida de individual". Se rieron, y ahí quedó claro cuál era el print que distinguía a la marca. El Toile de Jouy le queda a cualquier época del año, y Lili lo maneja en distintos formatos, diseños y colores.
Lo bonito de todo esto es lo que pasa después, cuando el producto llega a una casa. Cada quien lo hace suyo: elige las flores, la vajilla, los vasos —a veces solo cristal, a veces un vaso de color—, el mantel, los cubiertos. No hay dos mesas iguales. Quien pone la mesa se siente orgullosa de lo que armó, inspirada, y esa sensación de estar rodeada de la gente que quiere alrededor de una mesa bonita no tiene mucho con qué competir. En diciembre es cuando más se ven las piezas de Lili en las mesas de sus clientas — la temporada de reuniones, de invitados, de la casa llena.
Su universo visual vive entre las fotos editoriales de Moda Operandi, la elegancia de París —esa arquitectura que inspira a no caer en lo moderno— y el diseño de la tienda Printemps en Nueva York, donde cada rincón tiene algo. La idea es que esas mesas que una ve en Pinterest o en Instagram no son inalcanzables: se pueden armar en casa.
Lili Tableware es para quien disfruta recibir. La recién casada que estrena hogar y quiere usar todo, ilusionada con poner la mesa para sus amigas. La señora que ya tiene a los hijos fuera de casa pero que vive para recibirlos en cumpleaños y fiestas, feliz de ser anfitriona. Personas que le dan valor al diseño y a la calidad, que entienden que una mesa bien puesta cambia una comida.
Que es, al final, lo que la marca quiere que se entienda de inmediato: sus piezas transforman una comida en un recuerdo. Por eso tiene un lugar en The Ėditure.